El legado del herborista

El legado del herborista.

Sinopsis

Javier es un niño que posee, gracias a su abnegación e inocencia, la bendición astral divina. Debido a ésto puede viajar entre mundos y sanar cualquier enfermedad mortal. Sin embargo, la única enfermedad que le ha costado eliminar es la del miedo provocado por un terrible rey a sus demás compatriotas.  Javier se vuelve el aprendiz de un poderoso mago herborista con la fe de lograr algo que por años ninguna persona creyó posible: La libertad.

El legado del herborista.

Cuando la guerra estalla, hay distintos factores de por medio, ya sea económicos, políticos, religiosos, entre otros. Sin embargo, hay algo que es muy compartido entre todos los bandos involucrados en determinado conflicto, y es que la violencia trae consigo innumerables penurias. Así pues, hace ya cientos de años atrás, una enorme guerra aconteció en un pequeño continente, dejando a los cinco países que lo conformaban en un estado de conflicto por el deseo de colonizar las tierras de un continente recientemente descubierto. Uno de los cinco países en guerra obligaba a los hombres, ancianos y niños a luchar en los frentes de batalla, dejando numerosas familias rotas por las pérdidas de sus seres queridos. Pasado los años, los pelotones ubicados en distintas regiones del territorio enfrentaban una crisis puesto que los soldados luego de tener cierta cantidad de tiempo al servicio del ejército del país comenzaban a desobedecer las órdenes y a sufrir de parálisis casi permanentes ante el miedo de volver a luchar contra el enemigo. Por eso, los altos mandos se vieron obligados a llevar a las personas que sufrían este síndrome a los resguardos ubicados en un pueblo de invasión muy lejano al oriente, ganándose el título de cobardes.

 Este pueblo de invasión era conformado principalmente por familias extremadamente pobres que con el anhelo de buscar un lugar alejado de la violencia se situaban en el extremo más lejano de las zonas de conflicto. Con el paso de los días, las semanas y los años el pueblo se agrandó tanto que llegó a tener más de 3.000 habitantes, la mayoría de ellos conformados por antiguos soldados que sin familia o un techo al cual llamar hogar vagaban por los alrededores suplicando la poca limosna que los demás habitantes podían dar ya que estos también pasaban por situaciones muy complicadas. La vida de cada persona del pueblo era una lucha diaria por obtener los recursos para sobrevivir, así que mientras los hombres que aún podían moverse se ocupaban de la casa de animales adentrándose en los bosques, las mujeres y los niños que quedaban, que no habían sido obligados a ir a la guerra puesto que se habían escapado de las autoridades, se ocupaban ya fuera del lavado de las ropas, de los quehaceres de las viviendas, de la pesca o de la recolección de frutas. Fue entonces, una noche de verano, que un pequeño niño de siete años había salido urgentemente de su casa en búsqueda de ayuda por parte de su vecino, entre llantos y suplica, le pidió fervientemente que le llenara su balde con un poco de agua a lo que su vecino no pudo negarse puesto que sabía de sobra la situación que aquejaba al infante y a su único familiar con vida. Una vez que este le regaló un poco de agua, salió corriendo con dirección a su casa y con la luz de la única vela que les quedaba, antes de ir a poder comprar otra, comenzó a limpiar el cuerpo sudoriento de su agonizante abuela.

Su único pariente con vida, su querida abuela agonizaba por una terrible infección que había cogido al cortarse mientras pescaba y de eso hacía dos días, por lo que aquella noche entre gritos por la fuerte fiebre que sometía el cuerpo envejecido de su segunda madre, trataba de aguantar todo lo posible para no angustiarla más. Arropándola con su sabana y la de ella, poco a poco los temblores fueron disminuyendo, pero su fiebre aumentaba. El pobre niño no tuvo de otra más que llevarse una camisa a su boca esperando que esto lo calmase un poco para no llorar y que su abuela se levantase a media noche. Pese a ser un infante, había conocido desde muy temprana edad el significado de las palabras “Trabajar duro”, esto combinado con el temperamento fuerte de su abuela para afrontar los problemas había hecho que creciera con la mentalidad de que para salir de algún problema primero debe guardar calma.

Sin embargo, al ver que su única fuente de sustento y de seguridad tanto física como emocional estaba en esa situación tan terrible, por más que se repitiera que lo mejor sería mantener la calma, su frágil e inocente mente pedía a gritos que su querida abuela no muriera. Así que, mientras observaba a su abuela retorcerse del dolor y mordía con más fuerza su camisa, no pudo evitar quedarse dormido al sentir que sus energías se desvanecían con una rapidez sorprendente. En sueños pese a sentir que estaba levitando, no podía abrir sus ojos ante un fuerte resplandor que lo tenía enceguecido por completo, las ganas de llorar aumentaban con creces y sin poder sentir el pequeño auxilio que era el morder su camisa no pudo más y se dejó llevar. Gritaba y lloraba con tanta energía que sentía su garganta doler, pero quería desahogarse y cada vez que las lágrimas eran liberadas sentía que poco a poco el peso que llevaba en sus hombros, así fuera en sueños, desaparecía.

– ¿Por qué lloras pequeño? – Como si de un rayo se tratase, sintió que ya no estaba levitando sino, por el contrario, que estaba sentado en lo que parecía ser unos escalones. La voz que le hacía esa pregunta provenía de una figura borrosa que parecía ser el cuerpo de un anciano pero que por culpa de sus incesantes lágrimas no podía visualizar por completo – Ten, toma un poco – Siente como las arrugadas manos de aquel hombre le colocan en sus pequeñas manitas un vaso con lo que parecía ser agua y aunque se tratase de un sueño sintió el impulso de beberlo y al hacerlo la sensación del líquido bajar por su garganta era sumamente real – ¿Ahora crees poder decirme por qué lloras? – El anciano se agachó a su altura y parecía no importarle la incomodidad posiblemente presentada de estar en esa posición en los escalones.

-Mi abuelita está enferma, tiene mucha fiebre y no sé que hacer, tengo mucho miedo…- El anciano no duda y coloca la pequeña cabecita en su hombro dándole el apoyo que tanto pedía desde hacía bastante tiempo – ¡No quiero que mi abuelita muera! – Lloraba como si el mundo se estuviera a punto de acabarse, aunque claro, para él su único mundo era la vida que tenía con su amada abuela.

– ¿Y qué le pasó? – Separa su cabeza y saca de su abrigo un pañuelo para proceder a limpiarle el rostro empapado de sudor y lágrimas. Pese a que su temperatura estaba caliente el anciano se tranquilizó al ver que solo era provocado por el esfuerzo implicado que acarrea el desechar esas dolorosas palabras acompañadas por lágrimas. Al comenzar a ver un poco mejor, pudo observar que el anciano al frente suyo tenía el cabello extremadamente largo y blanco con una gran barba y bigote del mismo color, su piel era morena y sus ojos de un color avellana.

– Hace dos días fuimos a pescar para poder comer, y al intentar atrapar un pez ella se cortó la pierna izquierda con una roca – hablar con ese hombre ocasionaba que su cuerpo sintiese enormes olas de tranquilidad, de alguna forma sus súplicas de ayuda se manifestaban en esa persona.

-Ya entiendo, dime una cosa, ¿La cortada aún sangra? – Se levantó no sin antes guardar su pañuelo y con la ayuda de un largo bastón de color blanco.

-No – Este también se levanta con el presentimiento de que posiblemente el anciano lo llevaría a algún sitio.

– ¿Ha tomado un color oscuro alrededor de la herida? – Este comienza a bajar las escaleras con ayuda de su bastón evidenciando su cojera.

-Sí, ayer en la tarde comenzó a tornarse oscuro – Una vez abajo, el semblante del anciano tomó un aura de misterio y elegancia.

-Comprendo, baja por favor – Le extiende su mano haciendo que el niño baje de inmediato los cuantos escalones para estrecharla con la de él. Aunque se tratase de alguien viejo, el agarre que esta profería era sumamente suave, pero a la vez fuerte. Mientras caminaban una enorme duda se le presentó abrumado por completo su mente.

-Disculpe, ¿Quién es usted? – A pesar de que se sentía apenado por la duda que había lanzado, el anciano sonrío ante ella.

-Yo soy Coel, un anciano herborista. Dime pequeño, ¿Cuál es tú nombre?

-Yo soy Javier, un niño que le gusta la agricultura – De todas las cosas que pudo escuchar del infante, eso lo sorprendió por completo.

– Pues déjame decirte que nuestros respectivos nombres son bastante peculiares – El anciano detiene su caminata al llegar a lo que parecía ser un enorme jardín, toma un banco y ayuda al niño a sentarse. Al frente suyo se extendía un largo mesón que tenía cientos de frascos y libros y del otro lado había una estantería que contenía varios frascos de distintos tamaños y colores – ¿Sabes qué es un herborista? – Decía mientras leía y pasaba unas páginas de un viejo libro.

-No, no lo sé señor – Se sobresalta un poco al ver cómo el anciano le pega un pequeño golpe al libro cuando al fin pudo encontrar la página que quería.

– ¿Y un médico? – Esas dos palabras eran completamente extrañas para él, por lo que tuvo que contestar lo mismo que en la primera pregunta. El anciano continuaba la lectura de la página encontrada.

– Un médico y un herborista son muy similares, pero poseen campos de estudios distintos. Mientras que un herborista se encarga de buscar métodos naturales para tratar los problemas de salud de las personas, ya sea mediante hierbas, frutas o cualquier sustancia que produzcan las flores, los médicos tienen la misma función que los herboristas, pero sus métodos van más allá de las cosas naturales – Este detiene su explicación y observar la cara de confusión del niño – Verás, ¿Puedes ver alguna diferencia entre estas dos flores? – Pone encima del mesón una pequeña maceta con unas flores turquesas, el niño de inmediato niega – los Herboristas y los médicos tenemos el mismo origen de la naturaleza, pero estos últimos son los que logran sobreponerse ante las adversidades de cualquier problema por más imposible que parezca para solucionarlo – Voltea la maceta para que el niño viera que una de las flores presentaba unas pequeñas manchas amarillas – Es decir, los médicos son el paso siguiente al de ser herbolario – Toma con esfuerzo un frasco azul mediano que estaba en lo más alto del estante y lo coloca dentro de una caja, al igual que un par de paños, dos cantimploras llenas de agua, unos frascos más pequeños y una pequeña hoja – ¿Sabes leer? – El niño asiente.

-Cuándo te despiertes, sigue las instrucciones que están en la hoja blanca que metí en la caja-coloca su mano encima de la mano de Javier y luego la lleva por encima de la caja -Si lo haces tal cual está escrito, te aseguro que tu abuela se repondrá en cuestión de dos o tres días-su inmaduro cuerpo se sobresaltó nuevamente ante la idea de que su abuelita estaría mejor.

– ¿Enserio se pondrá bien?, ¿Esto no es un sueño? – El anciano no puede evitar sonreír ante la sorpresa y la alegría que brotaban del niño por lo que remueve un poco su cabello.

-Estoy tan seguro de ello, como que nos volveremos a ver. Cuando eso ocurra, te explicaré todo, pero ahora tienes que ayudar a tu abuela – Y como pasó antes de llegar a ese misterioso lugar, una fuerte luz lo golpea dejándolo ciego por unos cuantos segundos.

Al despertarse se preocupa cuando escucha los quejidos de agonía de su abuela, pero al sentir la caja que el anciano le había dado no dudo ni un minuto y comenzó a seguir las instrucciones.

– ¿Ja…Javier? – Su vista estaba borrosa, pero con el paso de los minutos pudo reponerse un poco, vio cómo su nieto la miraba con los ojos rojos y con unas grandes ojeras.

– ¡Hola abuelita! – le sonríe, aunque no paraba de llorar – ¿Se siente mejor?

– No podría decir que bien del todo, pero si siento que la fiebre y el dolor en mi pierna por la herida no son tan graves- Con ayuda de Javier se logra levantar un poco y al apoyarse contra pared sintió algo pegajoso tanto en su frente como en su pierna notando enseguida que eran unas vendas.

– Pero, ¿cómo? – Javier podía notar la curiosidad de su abuela, y aunque quisiera decirle la verdad algo no lo dejaba hacerlo por lo que tuvo que mentirle.

-Hace unos días un extraño viajero llegó pidiendo posada, llegó a esta casa cuando lo habían rechazado en las demás y al verla a usted así de mal, decidió intercambiar unas medicinas que él poseía a cambia de unas cuantas noches de posada.

– ¡Oh, no! ¿Cuánto he estado durmiendo? -Quiso ponerse en pie, pero Javier no la dejó.

– ¡No se preocupe por trabajar!, ¡Yo iré a recolectar las frutas de la vecina y de paso las nuestras!, a cambio ella accedió a cuidarla en lo que vuelvo – Listo a pesar de lo cansado que se sentía tomó el canasto que siempre llevaba para recolectar y se despidió antes de que su abuela pudiera replicarle sobre eso.

Si la persona era saludable y resistente, podría ser capaz de adentrárselo suficiente en el bosque para encontrar las cosas que necesitaba. A pesar de que su estado físico le imploraba que descansara, el pensar que su abuela está débil y necesitaba ayuda lo llenaba de una fuerza para la desconocida que lo impulsaba en adentrarse todo lo posible no sin antes dejar unas marcas con su cuchillo en los árboles para no perderse. Seguro de que había llegado casi hasta el centro, pudo notar unos cuantos árboles de manzana y zonas pequeñas donde sobresalían las papas silvestres. Primero se encargó de tomar las manzanas, llenando la mitad de la cesta luego al bajar llenó la otra mitad con papas. No se había percatado del tiempo tomado en su tarea hasta que comenzó a fastidiarse por el sol, suponiendo por lo fuerte que estaba que era ya mitad del día debía regresar a su casa, siguiendo el rastro de marcas que había hecho duró más de lo normal en llegar debido al peso de la canasta.

– ¡Niño te exageraste! – Dijo su vecina al ver cómo la cesta que traía estaba a punto de reventar por lo que entre ambos tuvieron que entrarla a la casa de Javier.  

– ¡Muchas gracias señora Sofía! – Ve como esta comienza a sacar unas cuantas papas.

-No hay problema, ciertamente has hecho más de lo que creía que harías. Sabes que le tengo aprecio a tu abuela y a ti, por lo que yo me encargaré de hacer el almuerzo, así que mientras tanto encárgate de cambiarle las vendas a tu abuela – Asiente y se marcha. Ver a su abuela dormir apaciblemente lo calmaba un poco. Procedió a limpiar primero sus manos para luego quitarle las viejas vendas.

-Javi- Lo llamó al sentir como le removía algo de la pierna.

-Hola abuelita- Le limpiaba un poco la herida con un ungüento que el anciano le había dado cuando esta comenzó a llorar – ¿Qué ocurre? ¿Le duele?

– ¡Lo siento!, yo debería estar trabajando, pero estoy aquí siendo un peso para ti.

-Para mí, el cuidar de usted no es un peso – Le sonreía, aunque él también quería llorar – Tengo fe de que tendremos un mejor futuro sin tantas penurias, mientras yo lucho por ello está bien que usted descanse, así cuando esté con fuerzas nos apoyaremos mutuamente.

– ¿De dónde escuchaste esas palabras?

-Era lo que mis padres le decían a usted antes de que ellos murieran, ustedes hablaban muy fuerte y me levantaban de noche – Ambos se rieron de eso. Luego de cambiar tanto la venda de la pierna y ponerle una nueva en la frente pasaron unos cuantos minutos para que su vecina volviese.

– ¡Señora Sofía!, no tenía que hacer huevos con el puré de papa bastaba.

-No me repliques niño, aparte, sino los cocinaba se iban a perder así que come.

– ¡Muchas gracias! – Tanto abuela como el nieto estaban agradecidos con la generosidad del niño. Por primera vez en mucho tiempo sentían sus estomago realmente llenos.

-Les quiero proponer un trato- Recogió los platos y comenzó a servir agua- Yo ya no puedo continuar con los trabajos de antes puesto que mis dolores de espalda son cada vez más frecuentes, por lo que yo puedo quedarme y hacerme cargo de tu abuela y tu cambio vas para recolectar las frutas. Claro no te dejaría todo a ti, ya que la pesca no requiere tanto esfuerzo como la recolección yo me iría a pescar y con mi trabajo como costurera podría complementar lo que obtengamos.

– ¡¿Lo dice enserio señora Sofía?!- El niño y la anciana estaban emocionados.

-No solo eso, viendo que su casa necesitaba limpieza y no es un ambiente apto para que ella pueda recuperarse, quiero que se queden en mi casa mientras limpiamos y acondicionamos la de ustedes. Yo tengo un cuarto extra bastante amplio por lo que si están de acuerdo hoy mismo se pasan.

– ¡Muchas gracias! – La anciana tomaba de las manos a la mujer, esta no tuvo de otra más que abrazarla para que se tranquilizara. Así, después de reposados procedieron a pasarse a la casa de su vecina, lo primero fue llevar con sumo cuidado a su abuela y la caja con los medicamentos que el anciano herborista le había dado. Luego procedieron a pasar las pocas cosas que tenían que servirían, entre ellas las ropas de ambos, las sábanas, las almohadas y el cesto con las cosas que en la mañana Javier había recolectado. Su vecina le comentó que lo primero que debían hacer era limpiar tanto la ropa como las sábanas y demás, puesto que estaba muy sucias y para alguien enfermo eso retrasaría su recuperación. Pasaron lo que quedaba del día lavando todas las cosas que habían traído, aunque al principio le fue muy difícil, ya que no sabía lavar, la señora Sofía tuvo paciencia y le enseñó poco a poco como se debía lavar correctamente cada cosa.

Llegado la noche sentía su cuerpo desfallecer y temeroso de no poder levantarse al día siguiente le pidió a su vecina que lo levantase si viese que aún seguía dormido en la mañana. Ansioso por darle las gracias y contarle la gran mejoría que su abuela había tenido, se acostó en la cama y a su lado, en el otro extremo del cuarto, dormía plácidamente en una segunda cama la enferma anciana. La generosidad y la piedad mostrada por su vecina al dejarles quedarse en su casa dando la oportunidad de poder dormir en un ambiente mejor que el de su hogar provocaba una sensación de seguridad aún más firme que antes en Javier puesto que si todo marchaba bien pronto su abuelita se repondría. Hacía unos cuantos años él  había perdido a sus padres por culpa de un terrible enfermedad que contrajeron mientras estaban en el bosque, pero antes de que murieran en su lecho matrimonial ambos se despidieron dulcemente de su hijo desconsolado ante la idea de no volverlos a ver, el primero en irse fue su padre no sin antes decirle a su dulce retoño que debía ser fuerte por las personas que amaba, haciendo referencia a su abuela, y por la personas que amaría en el futuro y con las que conformaría una familia, dándole las gracias por haber sido su hijo y que se enorgullecía de él. A los pocos minutos fue turno de su madre, que entre sollozos y lágrimas acariciaba la pequeña cabecita de su único hijo, recalcando las palabras de su amado esposo, añadiendo que debía ser fuerte y crecer para convertirse en un hombre hecho y derecho, alguien que sea un símbolo de fortaleza para sus allegados y que si se daba el caso luchar por el bienestar de la familia que el conformarse en el futuro, dando también la idea a su hijo de que se volverían a ver en el otro mundo, sin embargo, su misión se había cumplido y era traerlo al mundo, por eso Dios los pedía de vuelta, pero él aún no había completado la misión que le correspondía por eso debía seguir viviendo para cumplirla.

Pasó los minutos para que Javier pudiera quedarse completamente dormido, y como la noche anterior sintió el mismo proceso para terminar de nuevo en el jardín. El anciano herborista lo esperaba con una sonrisa amplia y un vaso de té caliente. Pidiendo que le contase cómo había pasado el día con su abuela, este le contó contento como en una sola mañana gracias a los medicamente que él le había dado su abuela se había recuperado bastante, y que a pesar de que tenía aun fiebre y el color oscuro en su herida persistía, la situación actual no era tan grave como lo fue en la noche anterior. También le contó el trato inicial que había hecho con su vecina, lo que se demoró recolectando las frutas. y, como esta no solo les había hecho el almuerzo, sino que también les había brindado su casa como refugio mientras limpiaban y acondicionaban su hogar ayudándose mutuamente con cosas como el dinero y la comida. Esto último hizo que el anciano se colocase serio y curioso por saber porque un niño tan pequeño tenía que trabajar tan duro le pidió que le explicara la situación de su mundo. Este un poco temeroso y sensible comienza a relatarle la actual guerra que invadía a su país y al pequeño continente del que eran parte, aunque ignoraba el porqué de esa situación. También le explicó como su país obligaba a los niños, los hombres y los ancianos a ir a los frentes de batalla y que el hecho de que él estuviera aun con su abuela era porque se había mantenido oculto, tal era la situación para los niños que les tenían prohibido salir del pueblo y al ver como llegaban los soldados todos los adultos los escondían en los sótanos casi por un día completo con la esperanza de que no los encuentren. Otra cosa que casi se le olvidaba decirle es que su pueblo servía como una especie de basurero en el cual desechaban a los soldados cobardes que tenían miedo y se paralizaban por volver a luchar, por lo que los abandonaban a su suerte sin la oportunidad de volver a ver a sus seres queridos.

-Veo que has pasado por muchas cosas- Decía mientras se disponía a llenar de nuevo los vasos con té- ¿Quieres que te explique cómo estás acá ahora mismo? -El niño asiente mientras tomaba el té provocando que cayera un poco en su pantalón. Antes de explicar, el anciano tomó un plato con unos panes y le dijo que mordiera uno, este lo hace sin chistar.

– ¿Sientes realmente el sabor del té y del pan?

– ¡Sí! – Respondió con la boca llena. Coel procedió a explicarle. Le dijo muchas cosas, pero la más significativa fue que cuando un alma inocente está en peligro Dios le otorga una bendición, es decir, le otorga la habilidad de ir a otros mundos a buscar una solución mediante una forma de viaje llamado “Viaje astral”, que mediante los sueños una persona podía desprender parte de su alma de su cuerpo material e ir a lugares que nunca pensó que existiría.

-Sino hubiera sido por eso, mi abuela pudiera estar muerta, ¡Muchas gracias Señor Coel! – Dijo mientras terminaba de comer el último pedazo de pan – ¡No sé cómo podré devolverle todo lo que ha hecho por mi abuela! – Sus palabras provocaron que el anciano se riera, peor más que burla lo hacía de dicha, puesto que por primera vez en muchos años veía un alma tan pura y sincera frente suyo. Coel le comentó que había una forma de devolver el favor, y era que el se convirtiera en su aprendiz. Le enseñaría cómo utilizar los frutos de la naturaleza como medicamentos y después de haberlo convertido en un herbolario capacitado, lo convertiría en un médico, analizando que en su pueblo no había más que simples chamanes según lo que el niño le había explicado, se convertiría en el primer médico del lugar.

Javier tenía miedo de estropear las cosas puesto que, si apenas sabía leer, pero, al ver los ojos de Coel que de ellos emanaban una fuerte sensación de seguridad, no pudo evitar recordar todas las cosas malas que su familia había pasado por culpa de la pobreza, y de como si hubieran podido conseguir los medicamentos apropiados sus padres pudieran haber sobrevivido. También rememoró cada una de las penurias e injusticias que sufrían sus vecinos y demás habitantes del pueblo, y como los soldados que una vez habían estado al servicio del reino caían cada vez más profundo en un abismo de tormento.

-Yo quiero ayudar a mi abuela y a mi pueblo, estoy cansado de que todos suframos por culpa de la guerra y la pobreza- Había una fuerte costumbre por parte de los niños para con los ancianos, y esta era arrodillarse al recibir algo de tal valor que asegurará el bienestar de sus allegados. Así, sin importarle lo alto de la banca se levantó de esta rodeando el mesón se arrodilló frente a Coel dejándolo sin palabras ante la acción que estaba presenciando.

– ¡Muchas gracias por la oportunidad!, ¡Le prometo que no lo decepcionare! – Ignoraba el olor a las fuertes hierbas que estaban en macetas ubicadas al nivel del suelo, también ignoraba la incomodidad de sus rodillas al estar arrodillado, sentía tanta gratitud que ese era su único sentimiento dominante.

-Levante- Coel lo ayuda a ponerse de pie- El camino será duro, muchas veces te reclamarás a ti mismo por no poder hacer las cosas bien a la primera, pero tengo mucha fe en que lograrás ser un buen herbolario y médico, solo es cuestión de disciplina y estudio.

– ¿Podré darle un buen futuro a mi abuela?

– ¡Si te lo propones, cualquier cosa que desees de corazón se hará realidad!

El tiempo transcurrió normalmente y fue cuestión de una semana para que su abuela estuviera recuperada. Sin embargo, no pudieron mudarse puesto que la casa tenía una invasión de ratas, por lo que con el poco dinero que tenían pudieron comprar veneno para ratas y dejarlo actuar una semana más para que todas las ratas desparecieran. Mientras que la señora Sofía se encargaba de la pesca y de remendar algunas ropas que sus vecinos le daban a cambio de comida o monedas, la abuela de Javier se encargaba de cocinar y lavar la ropa de ellos. Los días pasaban y gracias a su tarea principal que era la recolección de frutas en el bosque, Javier tenía la oportunidad de analizar todas las hierbas, los frutos y las flores que pudieran tener algún efecto medicinal en cualquier problema presentado la mayoría de veces en los habitantes de su pueblo.

Las clases que impartía Coel a Javier se hacían exigentes con el paso de los días, pero al ver todas las cosas que podía hacer con la ayuda de la naturaleza su estado de ánimo ante la vida que le había tocado cambiaba con extrema rapidez. Cada vez que salía a recolectar frutas, guardaba en un pequeño compartimiento algunas muestras de las flores, hierbas y frutas que a pesar de haberlas visto miles de veces de seguro tendrían algún uso medicinal y que sería el anciano Coel quien le ayudaría a descubrir cuales eran. Como era de esperarse de alguien sabio y lleno de conocimientos, Javier supo enseguida cuáles eran las funciones medicinales de cada muestra que llevaba al mundo de Coel, este último se sintió un tanto aliviado puesto que al parecer cada cosa que era traída por esa niña ya estaba en su mundo, por lo que no tendría de pasar horas analizando los efectos de flores o hierbas desconocidas.

Sus clases se extendieron en días, en semanas y en meses. Aunque su abuela sospechaba el cómo su nieto adquiría tales conocimientos no quería ofuscarlo con sus preguntas ya que era la primera vez desde que el había nacido en que veía como sus ojos se tornaban más alegres y esperanzadores. Algunas clases el anciano lo regañaba porque no podía creer que alguien que había comenzado con tal alegría se deprimiese ante los fracasos presentados, recordándole que el camino de todo buen herborista y médico se trata en un devenir de caídas y golpes, lo más importante es levantarse y no rendirse. Gracias al tiempo y la dedicación puesta, en un periodo de seis años pudo encontrar todas las hierbas y flores medicinales que habían alrededor de su pueblo y saber cuáles eran sus propiedades, también a base de regaños y tropiezos pudo saber cómo utilizar cada una de ellas en casos posibles que se presentasen en el futuro. Una noche, dispuesto a continuar con el análisis de las uvas fue interrumpido por Coel.

-Javier, es necesario que descanses – Las “Vacaciones” que su maestro le obligaba a tomar en realidad eran una tortura – Sé muy bien que el periodo de tiempo que te doy para descansar lo utilizas para seguir trabajando, pero no está demás recordarte que si usas tu don del viaje extracorpóreo puede presentar problemas para tu integridad física, ¡Así que no vuelvas hasta que en tu mundo se cumpla las dos semanas! – Sabiendo que era mejor no contrariar al anciano este obedece su orden y se retira.

No pasó más de un día para que se presentara su primer caso, y la protagonista era la señora Sofía. Ella mentía a la abuela de Javier y a este que ahora vivían con ella de forma permanente sobre sus constantes dolores de espalda, pero una tarde fue tal el dolor que la hizo caer enseguida al suelo mientras pescaba y sin poder mover algún centímetro de su cuerpo casi se ahoga en el agua sino hubiera sido por la ayuda de dos de sus vecinas que la socorrieron y llevaron enseguida a su casa.

Sorprendido por la situación se calmó enseguida y se dispuso a socorrerla, lo primero que hizo fue acostarla boca abajo ya que tenía la sospecha por las facciones entumecidas de la señora Sofía que el problema radicaba en su espalda, colocó una sábana para que fuera su apoyo y evitar que su nariz se obstruyera con la almohada de lo contrario se le dificultara el respirar. Le pidió a su abuela estar pendiente mientras arreglaba los medicamentos. Corrió hasta su cuarto y comenzó a buscar entre los frascos guardados en su baúl, pese a que tenía un libro con todas las instrucciones para este tipo de cosas había estudiado tanto que todo se lo sabía de memoria. Pudo hallar dos frascos, uno que contenía unos sobre y otro que contenía un ungüento, siguiendo con las instrucciones una vez dada por su maestro lo primero sería limpiarse las manos, mientras él lo hacía su abuela le quitaba la parte de arriba de su vestido quedando la señora Sofía con la espalda completamente desnuda.

Javier le pidió a su abuela que calentase agua, una vez solo en el cuarto tomó el ungüento y comenzó a masajear la espalda con firmeza, pero no tan fuerte para lastimarla un poco. Habría pasado si acaso media hora cuando sentía que el cuerpo rígido de su estimada vecina comenzaba a relajarse, dejando que ella pudiera hablar un poco. Una vez los cuarenta minutos reglamentarios para el masaje acabaron hizo que se diera vuelta con cuidado y apoyando su cabeza sobre dos almohadas quedando por encima del cuerpo, así cuando llegó su abuela con un vaso de agua caliente Javier sacó del otro frasco uno de los sobre que tenía en un extremo una pequeña cuerda que sostuvo mientras sumergía el sobre en el agua caliente, pasaron los minutos y el agua comenzaba a tornarse de un color amarillo dejando liberar un aroma bastante agradable. Sacó el sobre y le ordenó a la señora Sofía que lo bebiera con cuidado.

Se fue al patio para limpiarse las manos y como la cerca que separaba la casa de la señora Sofía con la del otro vecino era muy bajita, la esposa del vecino se asomó al verlo limpiarse. Preguntó con mucha preocupación cómo seguía la señora Sofía y aclaró que ella había sido una de las mujeres que la habían socorrido en el rio. Cuando Javier le explicó el estado de la mujer y de cómo la había tratado se sobresaltó al ver a su vecina caer en llanto, curioso por saber que pasaba saltó el otro lado de la cerca y se colocó en la misma altura de la señora para intentar calmarla.

La mujer le explicó que su bebé estaba sufriendo una extraña enfermedad en la piel que lo tenía con fiebre y sin apetito, y que al saber que él era un experto con las hierbas tal vez pudiera ayudarla. Javier se conmovió mucho en especial porque los niños eran los más vulnerables ante la pobreza y la enfermedad. Siguió a su vecina hasta dentro de su casa y en una pequeña cuna ubicada en el último cuarto estaba la niña de tres años que era la menor de cinco hermanos. Pudo ver enseguida que estaba cubierta por completo por manchas rojizas y planas, y que sus ojos estaban completamente irritados rojos, evidenciando la alta temperatura que tenía. Le preguntó quién había estado en contacto con ella a lo que la joven madre le dijo que solo ella ya que tenían miedo de que fuera contagioso, Javier sospechaba de lo que se trataba sin embargo tenía que confirmarlo con su libro personas por lo que le pidió permiso a la señora y con la promesa de volver salió con pasos presurosos.

– ¡Oh, Javier! – Se arrodilló ante el joven al ver como la medicina que le había puesto a su hija no solo la aliviaban, sino que por fin le hacían conciliar el sueño. Sintiéndose extraño puesto que esa solo era una forma de agradecimientos para los adultos mayores pidió que se levantase y esta lo hizo con lágrimas recorriéndole ambas mejillas. El procedió a decirle que lo que sufría su hija era una enfermedad de la piel llamada Varicela, no provocaría la muerte, pero si era lo suficientemente agresiva con los niños puesto que sus sistemas apenas se desarrollaban. Por eso tuvo que cubrirle la piel por completo, quedando como una estatua blanca, con un polvillo especial llamado bicarbonato de sodio y vendarle tanto las uñas de las manos y de los pies para que no se rascara de lo contrario provocaría más daño y la picazón sería peor. Antes de irse le dio una caja como su maestro le había dado cuando su abuela estaba enferma, la caja contenía varios frascos de bicarbonato de sodio que debía de aplicarle luego de que la bañara con una infusión que había hecho que era capaz de calmarle la picazón, solo debía echar un poco en la bañera de su hija con agua que estuviera tibia, y luego lavarla con uno de los paños que estaban dentro y untarle en bicarbonato como él le había dicho, claro está antes debía lavarse las manos.

Nunca pensó, que, en una de sus vacaciones obligadas por su maestro, tuviese tal cantidad de trabajos como lo fue esas dos semanas de receso, puesto que después de haber tratado a la señora Sofía y a la hija menor de sus vecinos, las voces se corrieron y varias personas enfermas. En la mayoría de los casos la recuperación de las personas era casi al completarse el día, pero otros casos más graves acarreaban dos o tres días de recuperación. Javier sabía las complicaciones que era vivir en un lugar de pobreza donde los únicos expertos en medicina, que eran los curas de las iglesias, nunca habían llegado, por lo que nunca les cobraba a las personas, aparte de que las hierbas y elementos que él utilizaba eran fácilmente conseguibles, así que cada vez que los pacientes querían darle algo de dinero o comida en los rechazaba argumentando que ellos lo necesitaban más y si se los daban no podían recuperarse por completo.

Cuando se cumplieron las dos semanas, enseguida fue sin dudarlo al mundo de su maestro y este al enterarse todas las cosas que había hecho su estimado aprendiz en tan relativo tiempo no pudo aguantar las ganas de abrazarlo y decirle lo orgulloso y feliz que estaba. En vez de tener una clase normal, tuvieron fue una reunión en que le expresaba cada caso que había tratado y de cómo gracias a eso se estaba ganando una reputación. Tal era, que hacía unos cuantos días atrás unos hombres estaban tratando de ladrón a un vagabundo pero que este decía que no había hecho nada así que intentando mediar entre ambas partes el dialogó con los hombres y luego con el vagabundo esclareciendo que había sido un simple malentendido.

Impresionando ante la influencia que poco a poco Javier comenzaba a adquirir gracias a sus conocimientos de herborísta soltó una gran risa que su aprendiz creía que se ahogaría.

– ¡En definitiva el aprendiz ha superado al maestro!

-Pero, ¿Qué cosas dice Maestro Coel?

-Ya, ignora lo que dije -La humildad y la sinceridad eran notables en Javier, que pese a haber dicho eso no entendió malicia alguna y su pecho no se hinchó de prepotencia al posiblemente creerse mejor que alguien más experimentado – A decir verdad, necesito decirte algo Javier.

– ¿Es algo malo?

-No, bueno sí, ¿Sabes que es una muerte natural?

– No señor.

-Una muerte natural es un término utilizado para designar el fallecimiento de una persona por vejez. Claro, esa última palabra es algo subjetivo de cada humano, pero entiéndelo como el debilitamiento que tiene el organismo de cada ser humano cuando se enfrenta a una enfermedad o a la vejez. Te digo esto porque ya he llegado al tope de lo que un humano en promedio, bueno en mi mundo, viviría. Estoy seguro que me quedan unos cuantos meses de vida – Aquello fue sin duda alguna la peor noticia que había recibido en años, y aunque quería hablar con él las palabras no salían -Javier eres uno de mis más preciados aprendices, sin embargo, el tiempo que tengo es muy corto por lo que es mejor que a partir de mañana comencemos con las clases de medicina, claro que no serán muchas puesto que en una semana tendré que hacer un viaje por lo que creo que estos serán nuestros últimos días.

Con el paso de las cinco noches que tenían, Coel le iba explicando algunas cosas más avanzadas que las ciencias de un herborista, cómo tratar heridas craneales por algún golpe o cortadura, como suturar, como atender un parto y cómo reanimar a una persona cuyo corazón se detenga. Pero, antes de poder cumplirse la última noche, la madrugada previa a esta Javier tuvo un sueño después de volver del mundo de su maestro, un sueño donde estaba dentro de un carruaje con dos mujeres, una de ellas embarazadas y parecía estar enferma. La otra seguía insistiéndole que se calmase que con la crema que el sumo sacerdote había hecho el dolor se aliviaría en cuestión de minutos.

Fue, sin embargo, los gritos de las personas en la calle lo que hizo que se despertase bruscamente. Al salir de la casa vio cómo eran sacados a la fuerza todos los hombres, ancianos y niños mayores de diez años por soldados del reino, uno de estos al verlo corrió en su dirección y lo sometió para obligarlo a seguir a los demás, pudiendo oír los gritos desesperados de su abuela y la señora Sofía. Todos estaban ubicados en el centro del pueblo y al frente de ellos se desplegaban una fila de por lo menos cinco soldados. Uno de ellos, que tenía ropas más elegantes que los demás, dando alusión un rango más alto, tomaba a los que estaban en las primeras filas, vagabundos, niños y ancianos, mientras gritaba que le dijeran quién era el sanador del pueblo.

Javier estaba temeroso puesto que el único sanador era él. Un anciano que estaba a su lado derecho le hablaba en voz baja, le decía que no iban a permitir que su único símbolo de esperanza fuese llevado lejos de ellos, que no se preocupara que lo protegerían hasta el final. Escuchar tan increíbles palabras lo dejaba sin habla. Pudo notar como todos los que estaban alrededor suyo intentaban taparlo para ocultarlo ante los ojos de los soldados, ver tal esfuerzo de protegerlo provocó un profundo nudo en su garganta. Observó cómo el soldado seguía lastimando a las personas, pero cuando este sacó a la fuerza a un niño dos años menor que él, y como estuvo a punto de golpearle con un látigo no dudó y salió del círculo protector en el que estaba, por más fama que hubiera ganado o por más valioso que fuese para su pueblo, no permitiría que alguien fuera maltratado frente suyo, primero el antes que un inocente. Por eso, fue cuestión de unos cuantos segundos cuando la espalda de Javier recibió el golpe, quien se puso detrás del niño para protegerlo, dejando a todos, incluyendo a los ex soldados obligados por el reino a ser vagabundos, atónitos.

Por un momento quedó aturdido por la fuerza del golpe, sentía un ardor inmenso emanar de su espalda, pero cuando todos se conmocionaron y comenzaron a revelarse contra los soldados no tuvo de otra más que tratar de ignorar el golpe y gritarles que se detuvieran. Le dijo al soldado que lo había golpeado con el látigo que él era el curandero del pueblo, y como respuesta de un carruaje dorado sale un hombre con una túnica que tenía plasmadas hermosas piedras.

-Yo soy el Rey de este país- Todos, hasta los guardias, guardaron silencio -Si eres capaz de salvar a mi esposa y a mi hijo, no solo te perdonaré la vida, sino que haré que tu pueblo y todos sus habitantes queden exentos de la ley obligatoria de servicio.

Aún mal por el golpe tomó todas las fuerzas que tenía Y siguió al rey a dentro del coche, en este estaba una anciana y una mujer embarazada. La herida comenzó a doler más debido a lo idénticas que eran a las mujeres que había visto en el sueño.

Le pidió al rey que les informaran a los soldados que colocasen una tienda exclusiva para la reina y buscaran una cama de la casa de la señora Sofía. Al observar con más detalle a la mujer, pudo distinguir que su vestido estaba completamente mojado en la parte de la falda, dándole a entender que ya el niño estaba por salir, también pudo notar que la mujer estaba llena de granos y algunos botaban un líquido amarillento, por lo que veía y por la fiebre que la agobiaba, supo enseguida que se trataba de un caso de varicela como la hija de su vecina, pero más grave puesto que estaba en un estado mucho peor y a poco de nacer un bebé. Nervioso puesto que la enfermedad de la madre supondría un gran peligro para el bebé, llamó a las dos parteras del pueblo para que asistieran el parto mientras el trataba a la madre. Cuando salió de la tienda se topó con el rey y este desesperado le tomó del brazo bruscamente, pidiéndole las razones de porque se iba. Cansado, con sueño y adolorido por la herida en su espalda, estaba a punto de estallar, sin embargo, se detuvo al pensar en la pobre madre y él bebe no nato que sufrían.

Con una bocanada grande de aire suelta un profundo suspiro que lo sacó del trance, pudiendo responderle al rey que necesitaba buscar sus cosas y que no demoraría mucho. Una vez en su casa ignoró las súplicas de la señora Sofía y de su abuela por saber que pasaba y se encerró en su cuarto cayendo bruscamente al suelo, quería llorar, quería gritar. La gravedad de lo que pasaba superaba con creces a los casos que él había tratado. Necesitaba hablar con su maestro pedirle consejos, pero el tiempo apremiaba. Siguiendo el consejo de Coel, de mantener la calma, ante todo, debía reponerse y arreglar las cosas.

Listo con todos sus implementos salió sin dirigir palabra alguna, serio para afrontar lo que sería la madrugada más larga de todas.

Pidió a una de las parteras que pidiera prestadas dos bañeras y que las limpiase con cuidado. Les ordenó a los soldados que fueran al bosque y trajeran toda la avena que pudieran encontrar, también le dijo a un par de habitantes que trajeran tanta agua como fuera posible.

Según la otra partera que quedaba en la tienda él bebé le faltaba poco por nacer. Mientras que la mujer se encargaba de asistir el parte, dejó que la anciana que estaba con la mujer en el carruaje le agarrase las manos para que tuviera apoyo y poder seguir empujando.

Él se encargó de preparar el baño y las medicinas para curar las heridas de la reina a su vez que la segunda partera terminaba de limpiar las bañeras. No se dio cuenta de los gritos del bebé hasta que lo llamaron. Sus ojos se colocaron rojos al aguantas las lágrimas que nacían de la dicha de ver que el bebé había nacido vivo. Sin embargo, el sentimiento no duró porque los gritos desesperados del rey lo invadieron de temor.

– ¡Salva a mi esposa! – El rey lloraba mientras sostenía el cuerpo inerte de su esposa, podía ver que estaba muerta. Moviéndose lo más veloz posible le ordena a la partera que tenía las manos libres que sacara al rey de la tienda, terapia que examinar que era lo que había ocasionado que la reina estuviera en ese estado. Entonces, la respuesta llegó al buscarle los latidos del corazón, no había ninguno. Su corazón se había detenido, debía actuar pronto o el tiempo haría que las oportunidades de reanimarla fueran escasas. Colocando las manos en la posición que su maestro le había enseñado, empezó a hacerle las compresiones con la esperanza de que volviera a latir su corazón.

Sentía el tiempo pasar muy lentamente, y las gotas de sudor se mezclaban con sus lágrimas, ver la situación de vulnerabilidad de la joven reina le recordaba mucho cuando sus padres sufrían o cuando casi perdía a su abuela. Estaba frustrado por no tener la suficiente fuerza para afrontar con entereza la situación. Fue entonces, como si de un mensaje divino se tratase, que escuchó la voz de su maestro en su interior, apoyándolo, motivandolo y pidiéndole que continuase con su legado en su mundo, que algún día si Dios lo quería se volverían a ver. Aquello fue como un salvavidas para él, que lo hizo sacar las energías que creía perdidas por el golpe que tenía en su espalda, debía luchar hasta que ya no hubiera nada que hacer. Escuchando nuevamente los llantos del bebé en un segundo la reina reaccionó regresando del más allá. Cansado física y emocionalmente cayó de espalda al piso golpeándose otra vez la espalda, pero el fastidio no importaba cuando era embriagado por una sensación de gozo al haber podido salvar una vida.

Retomando nuevamente el trabajo se encargó de tranquilizar para que el ritmo cardiaco se estabilizara y así poder limpiarles las heridas causadas por los granos de la varicela. Las parteras estaban pendientes del bebé que lo limpiaban con el baño que Javier había hecho, este les había indicado mantenerlo en observación para saber si la enfermedad de su madre le había sido transmitida al nacer. Por último, después de terminar de vendar a la reina, se ocupó de calmarle la fiebre.

El rey estaba completamente agradecido que el joven al haber salvado la vida de sus seres más queridos, su emoción era tal que se arrodilló ante él y después se encargó de firmar un decreto cumpliendo con la promesa que le había hecho. Javier le explico que por el estado de ambos, debían quedarse por lo menos dos noches más para intentar estabilizarlos por completo y el mismo se encargaría de hacerle un documento con las hierbas, las frutas y las flores para hacer la medicinas y cómo preparar los baños.

El gozo y el orgullo perfumaban el pueblo completo, que a pesar de haber pasado una larga y terrible madrugada todos aplaudían y sonreían como una gran familia. Por primera vez en su vida, podía decir con suma certeza, que la esperanza se alzaba por encima de la oscuridad.

Sentía el calor de los primeros rayos del sol golpear su piel, la brisa soplaba suave, pero con firmeza para levantar las hojas. Tantos los ex soldados que llamaban vagabundos, como los ancianos, los esposos y los hijos, todos ellos manifestaban su dicha juntos, sin discriminación siendo sus ojos las evidencias claras que la vida es dura, pero si uno es fuerte logra levantarse.

Descubrió que la enfermedad de la reina si era contagiosa puesto que a los dos días el bebé empezaba a tener las manchas, sin embargo, como ya estaban comenzándole a tratar con la medicina el impacto sería menos agresivo. Los soldados y los reyes duraron exactamente cuatro largos días en el pueblo esperando que la salud de la reina y su hijo fuera lo suficientemente óptima para poder soportar el viaje.

Antes de marcharse a su casa la reina pidió hablar con él, y sin poder negarse accede a ir a la tienda. Esta se encontraba mucho mejor, aunque las marcas no desaparecían ya no tenía fiebre. Le ordenó acercarse a su cama y que tomase asiento en una banca ubicada a su lado izquierdo.

-No tengo forma de pagarle lo que ha hecho por mí y mi hijo…

-No tiene porque hacerlo, es mi deber como herbolario luchar por el bienestar de las personas en lo que se me sea posible.

– ¿Te gustaría trabajar como curandero en mi castillo?, muchas personas te lo agradecerían.

-Lo lamento su majestad, pero tengo planeado quedarme en mi hogar y ayudar a florecer mi pueblo.

-Comprendo- Saca un pergamino enrollado y amarrado con un listón rojo que tenía el emblema de la familia real- Sin embargo, cuando termines tus cometidos, piensa mi propuesta y si decides aceptarla, presenta este pergamino a los guardias del castillo y serás recibido enseguida.  

 

Vio partir la caravana del rey, preguntándose cómo sería el príncipe de adulto y si sería el primer rey en poder acabar la guerra que tanto dañaba a su país. El tiempo pasó y a medida que Javier se hacía famoso gracias a sus medicinas y a que había podido tratar con éxito a la mayoría de los casos, las personas comenzaban a respetarlo. Así, el que había sido un niño pobre sensible y miedoso, encontró la vocación de su vida.

 

Sin embargo, algo le faltaba. Se sentía feliz por poder ayudar a su comunidad y darle una vida digna a su abuela y a la señora Sofía que tanto le había ayudado, pero, nunca pudo darle las gracias a la persona que había hecho que todo eso fuese posible. Si bien le tenía un enorme cariño a su maestro y soñaba con el día de volver a reunirse con él para retribuirle cada una de las cosas que él le había dado, una de las lecciones más significativas que él había aprendido era que siempre debía dar las gracias. Por eso, al llegar al centro del bosque que le proporcionaba sus ingredientes para sus medicinas, no dudo ni un segundo y se arrodilló en pose de rezo.

¡Dios!, era Dios la persona quien debía darle las gracias. Sin su misericordia y sin la bendición que él le había otorgado al poder viajar a otros mundos, nunca hubiera ayudado a su abuela, y no hubiera podido vislumbrar un futuro mejor para todas las personas a su alrededor. Le agradeció por haber creado ese misterioso bosque donde podía buscar sus herramientas de trabajo, y le pidió que fuera su fortaleza para convertirse en alguien que fuera capaz de ayudar a las personas y así cumplir el legado de su maestro.

La historia del joven curandero trascendió el tiempo y el espacio. Mientras crecía adquiría un carácter digno de líder, convirtiéndose así en el primer alcalde del pueblo. Fue gracias a su influencia que impulsó varios proyectos como un hospital, una carretera y una escuela. Convirtiéndose así en un héroe para los demás habitantes y en una leyenda para las personas de su país y más tarde, para el continente entero.  

 

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