La leyenda de las Amai Hoshis

La leyenda de las Amai Hoshis.

 

Sinopsis.

 

Luego de sufrir una terrible perdida, dos hermanos ya ancianos se exilian dentro del bosque con el propósito de vivir los últimos años de vida que le quedan. Tristes y amargados por el dolor en sus almas ambos les ruegan a Dios que le envíe una señal o una razón para seguir viviendo y soportar el dolor, ¿Podrán encontrar la respuestas a sus súplicas? o ¿Se dejarán llevar por la desesperación?. Se cree que de éstos dos ancianos nació la leyenda de las Amai Hoshis.

 

La leyenda de las

Amai Hoshis.

 

Había una vez, hace siglos atrás, un anciano y una anciana que estaban juntos luego de ser separados por sus seres queridos a causa de la guerra. El anciano había perdido todo al igual que la anciana, pero a diferencia de ésta, él había tenido la oportunidad de enmendar los errores del pasado a causa de su orgullo y así resarcir su ya dañada relación con su hijo; ya que la mañana que se encontraba trabajando muy temprano en la pesca una bomba fue lanzada en su pequeño pueblo.

 

Al volver solo unos cuantos habían sobrevivido, pero su casa que se encontraba muy cerca de la zona del impacto había sufrido serios daños, sobreviviendo solo su hermana. Esta, un poco menor que su hermano, no solo había sufrido la pérdida de sus demás familiares, sino que había sufrido la pérdida del hombre que amaba. Desesperados por el dolor deciden no apartarse más del otro y vivir juntos para apoyarse hasta el día en que murieran.

 

Se desconoce el lugar al que fueron a parar luego de aquél desastre, solo se sabe que en búsqueda de una nueva oportunidad se internaron en algún desconocido bosque con otros sobrevivientes, lejos del conflicto para vivir en paz. Una noche, llena de soledad, ambos hermanos no sabían qué hacer para afrontar la tristeza que les invadía. Mientras cenaban ambos miraban sus platos sin ánimo alguno, hasta que en un arrebato el anciano tira su comida partiendose el plato por la mitad.

 

<<¡Por qué nos has abandonado Dios!>>, fueron las palabras que expresó con enorme furia que al ser atestiguada por su hermana ésta no tuvo otra opción más que soltar su llanto reprimido. Cansada de sentirse mal y de estár en aquella situación se levanta golpeando con fuerza la mesa para llamar la atención de su hermano.

 

<<¡Basta, no podemos seguir más en ésta situación!>>, reclamó la anciana a su hermano, éste furioso le pidió alguna solución y ella solo pudo responderle, <<No sé cómo vayamos a solucionar esto; pero, ¡¿Quienes somos para pedirle una explicación a Dios?!. ¡Hermano mio! ¿Crees que quedándonos sentados maldiciendo a cada segundo lograremos algo?. Yo por lo menos sé que no quiero que mis sentimientos hacia mi esposo se vean opacados por mis sentimientos de tristeza, al menos no quiero retribuirle en vida todo el amor que él sintió por mí>>.

 

La anciana y el anciano esa noche durmieron en la misma cama, mirándose mutuamente dándose consuelo en aquel nocturno silencio. <<¡Mi hijo murió pensando que lo odiaba!, ¡Nunca pude decirle lo que sentía!>>. Por fín el orgullo del anciano se había quebrado y la anciana no tuvo de otra más que llorar con él, siendo prueba que ambos compartían la misma escala de dolor. Mientras dormían con las manos enlazadas ambos tuvieron el mismo sueño, en éste se encontraban frente a un ángel que les hablaba en un dialecto que ellos solo entendía, por lo que hoy en día es desconocido el mensaje que aquél ángel les había dado.

 

Luego de ese sueño el semblante de ambos ancianos cambió, comenzaron a salir más de su casa y a fabricar, gracias a los que sus padres les habían enseñado de niños, miles y miles de collares con un pequeño dije en forma de estrella. Lo más extraño es que aquellos collares no lo regalaban sino que los guardaban. Dia y noche hacían aquellos collares cuyos dijes tenían inscritos solo dos palabras “La Amai Hoshi”.

 

La leyenda cuenta que una vez llegada la hora de partir del mundo terrenal los dos hermanos ancianos se colocaron en una misma cama, bajo el colchón, cien collares de estrella. Cuando ambos dieron sus últimos suspiros toda su casa con ellos incluídos se desvaneció, solo quedando el marco de la cama con los collares encima de las tablas. Aquella cama sería nombrada más adelante como la cuna de los ancianos y se relataba que en sueños, todos aquellos tristes de corazón por no poder expresar sus sentimientos, eran llevados hasta el marco de la cama e invitados a tomar un collar de estrella que sería puesto en el cuello de sus almas y que les daría la luz y la fortaleza para hallar el poder de las palabras y liberar sus sentimientos.

 

Lo último que se sabe de la leyenda es que décadas atrás dos personas, un hombre y una mujer, que habían sido ayudados por el poder de aquellos collares se encontraron un día en el mercado. Ambos eran unos completos desconocidos pero al verse sintieron el poder de las Amai Hoshis emanar de sus cuerpos. Con mucha curiosidad ya que era la primera vez que sentían algo así, decidieron sentarse y hablar sobre aquellos.

 

Primero fue el hombre en hablar, éste le comentó que cuando era adolescente había sufrido una enorme pelea con el que consideraba su mejor amigo. Debido a su orgullo duró sin hablarle por casi un año; sin embargo, era tanta la tristeza y el dolor que aunque quisiera volver a hacer las paces con éste su orgullo se lo impedía. Por eso una noche de invierno mientras dormí había sido llevado a una cama sin colchón medio de un bosque, lo único que brillaba eran dos collares que quedaban encima de las tablas de la cama, sintiendo un enorme deseo de tomar uno al momento de hacerlo este de inmediato se lo colocó en su cuello.

 

Esa misma noche, antes de despertarse, había tenido otro sueño. En ese sueño veía a su mejor amigo siendo maltratado por un grupo de muchachos que lo discriminaban por ser el hijo de un desmovilizado. Éste corre para proteger a su amigo y termina recibiendo los golpes del grupo, cuando ya se habían ido el muchacho malherido mira como su mejor amigo no paraba de llorar, para calmarlo le dice <<No llores, el hecho de que tu padre sea desmovilizado eso no te hace una mala persona.Eres la persona más dulce y atenta, protectora y amable que he conocido en mi vida>>. <<¿Entonces por qué no has vuelto a hablarme?>>, la palabras de su amigo eran muy duras para él, pero sintiendo una extraña fuerza que salía del collar dijo <<¡He sido un idiota, lo lamento!, tengo miedo de que me rechaces, de que me odies o de que no quieras volver a hablarme>>. Entre lágrimas había despertado esa mañana recordando vívidamente aquellos sueños, y aunque buscaba por doquier aquel collar sentía que de alguna manera estaba atado a él aunque no lo viera.  

 

Luego de su relato la muchacha prosiguió con el suyo. En comparación al chico, esta había soñado al principio lo mismo que éste pero sólo había encontrado un collar en aquella cama. Luego tuvo un segundo sueño en el que se encontraba en el mar algo que le parecía extraño puesto que ella le temía mucho, en su sueño estaba siendo instruida para dominar el nado; sin embargo, al meterse en una parte que parecía superficial se había metido en una parte muy profunda en la que comenzaba a ahogarse a su vez que algo sumamente filoso comenzaba a morder su brazo para arrastrarla mar adentro, en eso un muchacho salía a ayudarla pero al momento de liberarla de aquella criatura el muchacho fue herido.

 

Al llegar, las demás personas pudieron ahuyentar a lo que los estaba hiriendo para subirlos en los botes. En la orilla no dejó que nadie la ayudara con su herida ya que le preocupaba más el muchacho que ella. Al ver como este lloraba pidiendo ayuda lo único que pudo hacer fue acariciar su rostro <<¡Tranquilo, yo te voy a proteger! ¡No llores, yo te voy a ayudar! ¡No te dejaré solo!>>, luego tomaría su cabeza para apoyarla entre sus piernas y su pecho y abrazarla mientras era curada su herida. La chica explicó que el chico se trataba de un conocido suyo que había estado enamorada por más de dos años y que seguía estándolo pese al tiempo pasado.

 

<<¿Pudiste hablar con tu amigo?>>, el muchacho dio una pequeña sonrisa de lamentación para decirle <<Pese que ha pasado una semana, no he encontrado el valor para hacerlo, tengo miedo. Al menos tu pudiste hacerlo >>.

 

La muchacha también se rió en el mismo tono del chico, <<Si te dijera que ya lo había hecho hace rato; sin embargo, esa persona me rechazó y aun es el día que sigo teniendo sentimientos por el. Tal vez el sueño se deba a la necesidad de encararlo de frente y hablarle con toda sinceridad, tal vez aun tenga esperanza pese que pasó hace ya tiempo. Me da tanto miedo porque no quiero que al decirle él vuelva a decirme que no me ve así o alguna respuesta similar. ¿Soy una tonta?>>, ambos se miraron por unos segundos para terminar soltando una carcajada.

 

<<Creo que sí, pero también me incluyo allí. Aunque sabes, ¿Qué tal si esto ha sido un regalo enviado para poder tener las fuerzas de sacar lo que nos aqueja el alma?>>, aquello dejo sin palabras a la muchacha, <<Así, si nos dicen que no, al menos habremos librado nuestras almas de aquellos sentimientos que nos atormentaban>> dijo asombrada, <<¡Exacto!>> concluyó el chico. Luego de unos minutos de meditación ambos se dieron la mano en señal de apoyo bajo un cielo escarlata apunto de dar paso a la noche.

 

Sin embargo, antes de irse justo en ese momento una luz apareció revelando los espíritus de dos ancianos cuya presencia hacía visibles los collares originalmente invisibles y atados en los cuellos de las almas de ambos muchachos. No se sabe lo que le dijeron, muchos especulan que fueron las mismas palabras que aquél ángel les había dado al principio, y que es por eso que muchos dicen afirmar que aquellas palabras que no deben ser pronunciadas ante todos son pasadas de generación en generación de los poseedores de los cien collares de las Amai Hoshis para salvaguardar el poder que radica en las palabras gracias a ellos.

 

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